martes, 13 de febrero de 2018

Poesía epistolar 2 "Un asunto de lengua"

San Juan de Puerto Rico, a 5 de enero de 2018.

Comezón mía:

Si yo te digo duro, te entusiasmas. Si tú me lo dices, me entristezco. Si yo te digo ahora, permaneces; si tú me lo dices, yo no espero. Son tus pies los que toco antes del sueño; son los pies los que mides en mi cuerpo. Yo te digo ¡qué chulo!, y te envaneces; tú me dices eso y me avergüenzo. Es chinita el color que te embelesa; y es rizada y mujer la que yo pienso. Si yo te digo bellaco, prendes fuego; si tú me dices eso: charlatán, criminal, canalla, yo sería; nomás de decirlo así de raudo. Si tú me dices ven, yo entiendo todo, pues es llamado español en todas partes. Es cachondo, es intenso, es mi contexto.

Montura, gaveta, tiesto, media y parcha
Bodega, colmado, paja, matre y mapo
Zafacón, guindar, enñangotar, puñeta
Mamau, guineo, trigueño y pelo malo
No son simples listas lexiconas
Son baldosas de siglos conducentes 
a distanciarnos, unirnos o atraparnos 
en un choro mareante y bien chidito.
Ándale, órale, híjole.
¿Son verbos? 
Chíngale, llégale. ¡Chale! 
¿Qué diantre? 
Llámame, nómbrame, dime 
como quieras 
Que yo pa’eso me pongo un perro sato.

¿Qué tú haces?
¿Por qué el pronombre?, digo.
¿Qué tú me dices, mi amol, qué tu me dices,
de aquella lengua variante, viva y antillana?
Yo no voy a ver mi madre mexicana.
Yo voy a encontrarme con mi mami.

Si tú me dices el desto o el aquello; yo te contesto la cosa o este como sea. No es que tenga un problema de la broca, es que siempre adelanto el discurso: esa es mi boca. ¿Estás ajorado? ¡Yo estoy encamotado! ¿Me das un vellón?, ¡pues te la rifas! ¿Ya estás explotao? Descansa un ratito. ¿Orita vienes? Espérame tantito. Que siempre habrá un tiempo para darte. Darte. ¿Alguien está endrogado? ¿Tiene deudas? Es así, en la calor, que yo me agüito. Un chingo de dicha no es un chin de nada. Entiendes los desmadres de mi lengua, pero me miras mal si me entusiasmo gritando que algo está de poca madre. 

Es así, en la calor, que sabe rico; aunque siempre prefieras mis manos más que frías. Yo privilegio el calor acurrucado; tú más bien te apartas de mi lado. Yo no digo pronombres para amarte. Son las gentes y carros y tembleques. Espérame tantito que quiero comprenderte; si no me pongo chipil, y tú chango. Estar lindo contigo es estar guapo. Ser lindo conmigo es de lo más suit y te sientes gud y lo aprendo random.

Yo quisiera que nos bañemos juntos, pero es que la tina está chiquita. Tú me dejas saber cuando tú quieras. Yo te digo y te sigo en nuestra lengua. 

No es que tenga calocha, calicho, desespero. No soy charro ni bicho, es mi exotismo. No hay charro que no sepa montar un caballo, digo; no hay bicho que no nos haga miau, yo digo. Pero en estas cuestiones de la lengua, los bichos no son gatos ni los pingos son diablos. 

Si vamos al jangueo, es bien orita. ¿Es en serio, que engavete mis mahones? Tú bien sabes, amor que estos asuntos dependen de quien hable y de quien oiga. Es pragmática pura, es nuestra lengua, es dialecto y variación, cambio y sustratos. Es hallazgo y memoria, son genotipos, son las lenguas que hablamos: en presente, pretérito y futuro.

En los asuntos de lengua yo soy tuyo, mi chico, mira mano, que este diablo mardito se alebresta y se pone pendejo para darte. Darte. Darte. Darte


© Conrado Zepeda Pallares


Poesía epistolar 1

San Juan de Puerto Rico, a 7 de diciembre de 2017.

Verdeluz:

Ir caminado y encontrarme. Y encontrarte. Los árboles permanecen atentos a mis pasos de lluvia. A menudo me resbalo con la prisa. Los jardines de la universidad no sucumbieron jamás ante la impaciencia. Por eso cuando llegó María esperaron a cada ráfaga de viento con la serenidad del calvo que busca un peluquero.

Hay hojas que todavía tienen sed de viento. Me bebo algunos restos de las palmas-escombros. Ir caminando y beberme en cada paso el agua que busca al viento para desperezarse. Anidarme en la brisa fresca sin estupor ni prisa. Ir caminando y entonces conocerte.

Morir a ratos en las tempestades y volver a ser rama y raíz, copa y mirada.

Amar la trama más que el desenlace. Llamarte caminando y ser yo mismo, sin dejar de ser árbol ni mirada. Amar el mar a solas y a distancia. Ser palmera y arena: sin las olas de ti que me comprenden.

Los jóvenes piensan en inglés. Los viejos hablan español. Y los jóvenes hablan español. Los viejos no floreceremos en la playa. Pero los jóvenes escribirán en español. La distancia al mar es más grande. Los estudiantes son viejos que van al mar sin chalecos salvavidas. Los viejos son estudiantes que construyeron un dron para olvidar el paisaje. Y fotografiarlo.

Amar el aire. Amarte, aire. Amar las raíces del aire. Y amar la búsqueda de ti. ¿Acaso he vuelto a caminar sobre las olas, el aire o las estrellas?

Es medio día y pienso en el albergue de tus brazos. No quiero caminar sin mi guarida: la verdad de tu boca es un venero que salva mis hepáticas sonrisas. Quiero volver a ti sin intentos de lluvia. Quiero ser un refugio de tu isla, ahora que me ha recuperado las heridas: las ha vuelto cicatrices de guerras que han hecho de mi rostro abecedarios de humo. Escríbeme con tus gestos imposibles. Óyeme con los pies que me han caminado el paisaje.

Ir caminando y ser olvido y descanso y purgatorio. Ir lloviendo y ser conducto de aguas amorosas. Ir refugiándote escalas celestiales que no son tema de iglesias ni de santos. Ir procesando los sistemas que inducen al error y al pensamiento. Ir caminando y ser todo color y aullido bruto, de un huracán que vino y me parió siendo extranjero.

Contemplo las extremas privaciones de mis ojos. Miro la decadencia de las proporciones. La luz es un lugar y un horizonte al que voy a parar a medio día. Mi cuerpo es una de tus vastas posesiones; es color absoluto: filocalia.

Camino sin sombras ni senderos. Solo sé que en ti soy este niño que juega a repetirse en líneas infinitas. ¿Quién era yo antes de descubrir el fondo de mi alma? ¿Quién eras después de haber mudado de paisajes? Ir caminando y encontrarte. ¿Es en esta ciudad que me conoces? Es este el cuerpo mío que te hace dueño de mis andares extáticos o sabios.

Vienes entonces a estar fuera de mí para mirarte. Solo es afuera que me perteneces. Solo es afuera que soy tu peregrino. Soy de tus vientos y tus ojos que me han levantado todos los escombros de un huracán que nunca me dejó pobre ni ciego.


Ir caminando y extrañarte. Y amarte. Y quedarme. Y encontrarte. Te contemplo inmóvil, concentrado. Soy quietud. Hesicasmo. Y entelequia.

© Conrado Zepeda Pallares