La falda cuare
A la memoria de Demetria, indígena cora de la comunidad de Dolores, La Yesca, Nayarit, asesinada brutalmente por causas desconocidas el 24 de junio de 2012
Todos dicen que es mentira que te quiero porque nunca me habían visto enamorada yo te juro que yo misma no comprendo el por qué tu mirar me ha fascinado. El hombre moreno le pide al chofer que le prenda al wifi para que le envíe su historia a Canaria Oropéndola, directora de Sihualtepec (cerro de las mujeres que luchan). El hombre moreno se conforma con Eugenia León y Ely Guerra; no muy convencido porque la verdadera chulada de canción la canta nada más Eugenia. De todos modos, cualquiera puede imaginarse que una voz como ésa, con una canción como ésa, pueden evocarse injusticias de una muerte prematura; aunque la muerte siempre es prematura. María Greever fue precoz y cuando escribió Júrame, ya la muerte la andaba rondando. En esto andaba el moreno, mientras el camión partía para Puebla. Doce horas, incluída la de diferencia de huso, eran necesarias para soportar el recuerdo, sobre todo con el enlace terrestre caro y cansonamente confortable.
Cianótica. Equimosis múltiples. Esteros sin agua. Cianobacterias y una asfixia de hartos cardenales de hartos chismes que se cuentan desde el principio del límite de los tiempos.
Ni maíz que puédamos olvidarla; es cierto, era renguita la probe pero de ahí a que juera mala, nunca. Ahíjuela, la mera verdad la tía siempre supo defenderse. No veo por qué hubiera razón paque le dejaran la cara tan azul tan morada tan pálida. Esa huichola no tenía por qué subirse a la trocota ésa. Mi marido estaba loco por la Demetria, por eso la mataron. Aquí no hay Bellavista ni Escondida que valga, la Demetria ya no caminará chueco. Allá la luz de sus ojos, acá el salmo, el arrepentimiento, las botellas fragmentadas en mil astillas… en sus entrañas. Ya nada importa sin ver a la tía, la tía de la Ramona. Mire profe, los chiquillos no podían dejar de mirarla; era como si quisieran que despertara. Y es más, eso se ganó, precisamente por eso le partieron cuatro pedazos de madera esa de la delgada paque la pudieran asepultar y todo el mundo se sacudió las enaguas, para que naiden dijera luego que aquí somos desameritados, porque así se dice, ¿no? Desameritado el sueño hecho tierra de cora, de cuare, de nayari. Profe profe, es que fue una injusticia, una injusticia de la falsedad de los hombres; figúrese que ora hasta dicen que andaba de loquilla, que se subió a una camioneta y que la anduvieron paseando y que se la llevaron hasta Bellavista y que igual la violaron y le reventaron unas botellas verdes y que la enfermaron de lo renga que estaba. Voces; las voces son siempre las mismas, aun cuando defendamos honorablemente la honorabilidad del honor de honrar a las mujeres. Hay quien se ríe de la repetición de los sonidos: hay quien hace música con esto y hay quien censura porque siempre es importante imponer el silencio. Sigamos pues, con el cuentito que nadie cree de la Demetria ésta.
Demetria nació cora; nació mujer; nació renga; y nació brillante. Con los ojos de traición racial, su madre le advirtió su destino: serás huérfana absoluta, parirás tres hijos, te molerán a golpes y te repetirán hasta que les duelas; un mestizo moreno contará tu historia y vivirás para siempre. A Sebastiana la obligó Griseldo y nació Demetria, así, de una patada: tan fácil como dejarle un recuerdito a la Virgen de la Caridad. Se le pasaron las ballenas a Griseldo y la pateó, la pateó nomás para que los pies de Demetria se encorvaran. A los siete años le tocó ser huérfana; a los diez la tocaron para parir; a los trece la vendieron pa’molerla a golpes y a los quince le repitieron la tunda, hasta que las mujeres quedaron satisfechas. Demetria jugaba a imitar a las aves. Desde los tres años canturreaba xurave, quiero ser una estrella, aunque sea serrana. Salía Demetria a brillar sus ojos. Se escondía Demetria pero la delataba su falda azul eléctrico con cenefas de amapolas reverberantes de venados (aunque se los coman las mujeres) que son libres y saltan y por eso se quedan en los bordados de las faldas coras o cuares o nayari.
Las campanas no dejan pistas; no hay señales. La Yesca es una zona engañosa: tanta cascada lo hace a uno pensar que la gente aquí es transparente tranquila y trascendente; no obstante, la vida se entrampa y las mujeres se enroscan en el agua y se vuelven caimanas.
En Dolores, la gente cuare dice que Demetria es huichola, por brillante. El corazón de Demetria, descobijado, retuerce historias enredadas por la identidad comunitaria. Los wixaritari o huicholes permanecen abiertos a la ensoñación y la vida; mientras que los nayari o cuare o coras bordan morrales de algodón para guardar las penas. Demetria fue acusada de ser huichola. La comunidad renegaba de ella por renga y seca, hasta que la vendió su tía Cleotilde y parió tres hijos.
Llueve en junio. Era día de sanjuan era día de sanpedro y sanpablo y era día paque mataran a la demetria (con minúscula porque como demetria hay piedras que son arrastradas sin que la corriente lo quiera simplemente son aguas de temporal de cascadas que se enturbian con la tierra roja colorida de tanto color de las faldas de las mujeres coras).
Bésame con un beso enamorado desde el día en que nací quiéreme quiéreme hasta la locura y así sabrás la amargura que estoy sufriendo por ti. El hombre moreno cierra su laptop y cierra la historia, total: si hay piedras arrastradas por las cascadas y nadie dice nada, tampoco habrá nadie que diga que estuvo mal que la cerrara.
© Conrado Zepeda Pallares y dedicado a Catalina Aguilar Oropeza,
directora general de Cihuautla Voluntad Equidad Bienestar, A.C.
30 de junio de 2012, Tepic, Nayarit.
Conrado me gustó mucho tu cuento, que bien narras y nos cuentas la historia,me agrado la psicología de tus personajes y ese juego entre párrafos de canciones y de pensamientos de los personajes. FELICIADES!!!
ResponderEliminarMe sumo al comentario de Fabiola: sigue, sigue... publica
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