El árbol de Génova
Para Guadalupe Pallares, mujer-acertijo
Árbol sabino de Mocorito, Sinaloa.
al horizonte febril de perdiciones fatuas
como la vida coronas tu desdicha mostrando obscena
tus nalgas de madera.
Permaneces de pie, pero inclinada,
erguida y silenciosa te postras a tu dueño:
inmóvil, atrapada, casi amarrada a las naciones todas.
Geishas sin permanencia de riesgos perpendiculares
gauchos, góndolas y gatos mentirosos
revisten a un tiempo tu pasado
mas tú refrendas el presente.
Aunque mereces movimiento sin excusas
no te dejas tocar por tus amantes.
Prefieres no mirar el horizonte
y como la cruz de milenarios tiempos
detienen tu triunfo sin derrotas.
Ciega eres y estás por acertijo
¿cómo ofrecer murmullos sin oídos?
Hoy preciso tomar sólo tu cuerpo
cargando en mi espalda tu pasado.
© Conrado Zepeda Pallares
Calle de Génova, Zona Rosa, noviembre de 2002.
¿por qué te gusta Génova de Zona Rosa? Toda la Zona Rosa es alucinante, liberadora, compleja, libertaria, desmadrosa...
ResponderEliminarJusto en la Iglesia de San Juan Bautista (Reforma y Génova) había (hasta el 2005) un árbol enorme que tenía la forma de una mujer adolorida, pero de pie, sufriente, pero altiva. Mi tía Olga Guadalupe (hermana de mi madre) era así y ella misma me contó muchas historias de la Zona Rosa. Muchas de ellas las descubrí yo mismo con toda la comezón de mi adolescencia; otras las olvidé con mis formas de amar. En esta calle vi por primera (y última) vez a Pita Amor: desparpajada y violenta, cegatona y terca. Muchas veces quise ser como algunos personajes de la calle Génova: liberadores y libertarios (Celine dixit). Nunca fui como ellos. Es que... los tuve.
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