lunes, 26 de noviembre de 2012

No eres tú, soy yo El plagio en los tiempos de las sociedades del conocimiento


Me veo en ti. Te ves en mí. En la información y en la infoxicación, en la salud de la comunicación y en el entusiasmo de la expresión. Nos reconocemos en el lenguaje porque de él somos y a él vamos. De él nos expresamos y con él convivimos. Vehículo primordial de la existencia humana, los lenguajes verbales (hechos con palabras) nos confieren el espacio de “ser”, el tiempo del “ser”.
Hoy por hoy, nos reconocemos entre humanos por nuestro nivel de abstracción y sobre todo por explicarlo o racionalizarlo. Llamada metacognición, esta capacidad de saber qué, por qué y para qué aprendemos algo, nos concentra en diversos problemas humanos (Biggs, 2006). En el mundo, muchas culturas han pensado lo mismo en diversos tiempos, han concluido lo mismo en espacios diferentes. ¡Porque humanos somos y estamos dotados de un código común: el verbal! ¿Podemos entonces considerar que alguien, aun intencionadamente, le roba las ideas a otro cuando las toma, las acomoda, las elije o las pega en su propio discurso? ¿La idea de libertad de expresión está condicionada por los propios seres humanos?
En la actualidad, al acto de robar una idea le llamamos “plagio” (Navarra, 2006) (Alicante, 2012) (Española). Revisemos la historia de las palabras. La palabra española “plagio” proviene del verbo latino plagio, avi, are que literalmente quería decir robar o secuestrar (Pimentel, 2004, pág. 585). A partir de esta acción se diversifica toda una red semántica que tiene que ver con la violencia física, verbal, moral y emocional. Palabras como plaga, plagiario, plagiador y plagar provienen de este acto de despojo.
En la Roma antigua, incluso existía una palabra para denominar “al que tolera golpes” (plagipadita) y se consideraba como plagiario al que tomaba a una persona libre como esclavo o al que robaba a un siervo (Española). Pensemos, por tanto, toda esta estela histórica que ha dejado el paso del tiempo lingüístico. Y miremos el entresijo negativo que nos vincula con el peso de las palabras. Y más allá, pensemos en los efectos culturales y sociales que conlleva construir el significado de la expresión “plagio” o “robo de ideas”.

¿Homenaje o robo? El plagio en las sociedades de conocimiento


Como todos los actos humanos, el robo de ideas puede pensarse desde diversas perspectivas. Robar y castigar los robos son cuestiones de nuestras sociedades actuales. Aquéllas llamadas sociedades del conocimiento. Aquéllas construidas a partir de la formación de la información. Las nuestras son sociedades de conocimiento, decimos en occidente, por vertebrar el tiempo a partir de la experiencia cognitiva desde una perspectiva científica (Turell, 2005). No obstante, habría que madurar cuál es la verdadera conciencia de robar una idea o si es verdad que las ideas pueden robarse. Las ideas se multiplican con los seres humanos. Pero también es cierto que las ideas se desgastan y deben regenerarse.
Jorge Luis Borges nos reveló con el cuento “Pierre Menard, autor del Quijote” ciertos “tenues avisos espirituales” (Borges, 2003, pág. 55) mediante las técnicas del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Esta especie de renovación espiritual nos muestra a los hombres capaces de reírse de su propia desgracia por haber sido objeto del robo de ideas. Cierto es que en los tiempos inmediatos no pueden gustarnos los robos, pero también cierto es que mirar un robo de una obra, una línea, una idea de hace muchos siglos nos hace ver las cosas con más sentido del humor. ¿Una persona puede conectarse con otra por error?
Aun cuando se robe deliberadamente una línea, es interesante observar cómo se han conjuntado la historia, el placer, la muerte y la ceguera. “No hay loco que coma lumbre”, reza el refrán. Y los locos que roban ideas también son locos que están conscientes de hacerlo. El problema es la estupidez y la alienación inmediata. Hay una especie de línea casi imperceptible entre un robo y otras cosas que no lo son, como un homenaje o una tesis, una síntesis, una paráfrasis o un resumen. Hablemos de robar ideas y esto puede ser verdaderamente escalofriante. Robar un auto, una casa, una pluma o un suéter no es lo mismo que robar ideas. Generar materiales a partir de otros, música a partir de otra, conciencia a partir de otra, en cambio, es un asunto genético y hasta irónico.
La preocupación por reconocer las ideas de otros en un texto, una obra de arte, u otra producción humana se ha vuelto casi obsesiva. Recordemos los casos en los que se ha buscado con lupa de dónde proviene tal o cual párrafo de alguien que no nos parece un genio (Educación, 2011). Deberíamos de pensar en el respeto que las lenguas urgen. Vayamos más allá por nuestros semejantes.
Somos uno solo con una diversidad incalculable, casi infinita. Y nuestras ideas también lo son. No es una sola persona la que crea una ensoñación o una lengua, una imagen o una soledad. Es la huella humana y su historia las que nos confieren de la posibilidad de pensar las ideas. Para John Biggs, por ejemplo, el plagio constituye un verdadero problema de desconocimiento. En general, los jóvenes estudiantes (universitarios y preparatorianos) no saben cuándo están plagiando ideas o productos finales (Biggs, 2006, pág. 179). Y es que la educación es un “darse cuenta” y un proceso complejo de aprehensión de códigos, muchos códigos, tantos que a veces vuelven el caos lo transparente y sencillo, o macabro, lo que no es. ¡Como la ortografía! (Cassany, 2007).
¿Por qué consideramos que un resumen es una técnica y no un robo deliberado? ¿Por qué no, que una tesis es un conjunto de robos? Vayamos al fondo pero con la posibilidad de los matices y de la conciencia humana: la metacognición.

Bibliografía

Alicante, U. d. (2012, julio 2). Biblioteca Universitaria. Retrieved noviembre 19, 2012, from Aprende sobre el plagio y cómo evitarlo: http://biblioteca.ua.es/es/propiedad-intelectual/aprende-sobre-el-plagio-y-como-evitarlo.html
Biggs, J. (2006). Calidad del aprendizaje universitario. Madrid: Narcea.
Borges, J. (2003). Ficciones. Madrid: Alianza.
Cassany, D. (2007). Describir el escribir. Barcelona: Paidós Comunicación.
Educación, R. (2011, marzo 12). El tiempo. Retrieved noviembre 19, 2012, from Crece preocupación por recurrencia de plagio en las universidades: http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-9003943.html
Española, R. A. (n.d.). Diccionario de la Real Academia Española. Retrieved noviembre 19, 2012, from http://lema.rae.es/drae/?val=plagio
Navarra, U. d. (2006). Universidad de Navarra. Retrieved noviembre 19, 2012, from Política educativa y plagio: http://www.unav.es/facultad/fyl/politica-educativa-plagio
Pimentel, J. Á. (2004). Diccionario latín-español, español latín. Vocabulario clásico, jurídico y eclesiástico. México: Porrúa.
Turell, T. (2005). Lingüística forense, lengua y derecho: conceptos, métodos y aplicaciones. Barcelona: Institut Universitari de Lingüística Aplicada.

© Por Conrado Zepeda Pallares

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