Mucho de lo que podría plantear ya existe en el desarrollo de las
ideas de las Reformas, los programas de actualización, los marcos
internacionales, los acuerdos nacionales, ¡el artículo 3o
Constitucional! Se trataría más bien de revisar cada uno de los
puntos que contribuirían a crear verdaderas "sincronías de
aprendizaje" por una "diacronía de aprendizaje permanente". Para
lograrlo, se hace ya imperante la eliminación de simulación en
todas las esferas humanas que actúan durante los aprendizajes: la
física, la cognitiva, la psicológica. Ya desde principios del
siglo XIX Shopenhauer hablaba de una especie de simulación
universal en la que todos los actores de la educación "mentían"
de manera cuasiperfecta, pero vergonzosa.
La libertad encausada a la creatividad es uno de los detonadores
más preocupantes de nuestra profesión. Nos preocupa el poder: el
poder de ejercer poder en el aula, el poder de los jóvenes por
sobrellevar sus vidas, el poder de los niños para obedecer y
seguir instrucciones al pie de la letra, el poder de la escuela,
¡el poder en la internet! Como si fuéramos cadeneros escolares,
nos preocupa ejercer permanentemente el poder: hasta en los
entornos virtuales. No se trata de usar por usar las tecnologías
de la información como salvadoras de vidas escolares. Se trata de
disfrutar la creación de entornos donde las personas podamos
aprender por placer y querer estar ahí: en el aquí y ahora del
aprendizaje.
Bustos y Coll (2010) nos advierten que la creación de espacios
virtuales para eficientar los recursos humanos en el aprendizaje
aún no se precisa y no se comprueba. Lo que sí es una afirmación
es que la "verdad virtual" puede desencadenar una serie de
actitudes nuevas para esa construcción. No basta con saber, hay
que dejar que los demás "quieran saber". Se trata, pues, de un
intercambio constante (honesto y responsable) del poder en el
aprendizaje. Mientras sigamos considerando los modelos de
evaluación rígidos, y peor aún: la escuela como único lugar de
desarrollo humano evidente, seguiremos dejando de lado el
placer por la ciencia y el aprendizaje. Y por tanto, seguiremos
simulando sin revisar, evaluar y crear lo ya propuesto por
nuestras generaciones (igual de preocupadas en
aprender).
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