Les comparto este poema que escribí para la abuela de una amiga muy amada: Arely Zaragoza, una mujer dedicada a la educación de tiempo completo, pero sobre todo, dedicada a la expansión del Universo.
Para María Villegas
Reséndiz
Hay siempre
estrellas vivas.
María
camina.
Y
calla la vida
porque se la dieron
y
quiere gritar la vida porque se la quitan
y
busca encontrar la vida porque la olvidó.
Ilumina,
estrella
rostros
de paz hechos de tierra y niebla
Somos
voces viejas cuando sueña la barca
llegamos
con la lluvia, para habitar las almas
somos
mujer luz
hombres pájaro
somos
el derrumbe del tiempo
marejada
en las venas
somos
las piernas de María
y su
silencio
Estrellas
y luz convidan a la luna para soñar su marejada
Oleadas
de albas trazan hombres sabios y mujeres mito y misterios del silencio
y
cosmos para extender el viaje.
María
está dormida entregando su tiempo,
su
palabra y su carne,
camina
entre mis ojos de alumbre.
María
suele cocinar de madrugada,
¿a
dónde voy? pregunta y sigue
Duerme
profundamente. Río y sonrisa.
María
pelea con la historia,
ahora
está sentada, pero no llora
la
persigue la noche.
María
es el mole de madrugada
su
cuerpo es un camino de agua dulce
y
evapora el camino.
Vuelve
la sal la tierra.
María
no es un cuerpo
es
un silencio.
Las
manos se levantarán a su tiempo
Las
voces reunirán el amanecer para consolarnos
El
año rendirá mariposas violinistas
Y nuestros rumores volverán a ella
Mujer
espiral eterna
y laberíntica
Naces
con la esperanza
la
desapareces.
Vives.
Mujer,
espiga de luz
hilvanarás
nuestro tiempo
Y
las manos se reunirán con las voces
Y
los caminos repetirán los ciclos:
Mujeres
Vidas
Manos
Mariposa
María.
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