domingo, 14 de octubre de 2012

Ojos de pordiosero


Durante tres años pertenecí a un Círculo literario magnífico llamado "Cofradía de la Maja Barata" (2006-2009). Durante todo ese tiempo no sólo nos dedicamos a leer y a compartir lecturas, también nos dedicamos a consolidar nuestras andanzas en la escritura. Había ensoñación. Valgan estas líneas para recordar al grupo y para sonreír.

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.

Eran tu voz y tus manos, en sueños, ¡tan verdaderos!
Antonio Machado

Sor Marina encontró la Liturgia de las Horas deshecha. Se notaba claramente que alguien, desesperado, había despedazado el libro. Repentinamente se dio cuenta de que estaba intacto el apartado de Completas. Vaya, pensó, esta sor realmente quería descansar. En los márgenes había notas que aparentemente eran poemas y que tradujo sin dificultad: Página 2005. Al Padre Téllez. Salta la memoria / en la historia de nuestras manos orantes. / Hoy, la misma evocación / Tu madre acompaña tus ojos salomónicos. A sor Victoria. Sonríes. Te detienes. Te marchas. No eres la misma desde que aprendiste a hablar. Sonríes. Sigues. Permaneces. No eres la misma desde que aprendiste a leer. A Fray Enrique. … esos tus ojos misericordiosos. Muéstrame la salud y baila mientras operas mis manos. Ríspidas. Trémulas. A la Madre Cristina. Hoy no nos encontramos. Siento arena en los ojos. No nos estás guiando. Madre, visítanos.

Sor Marina permaneció en silencio, trataba de hilar estas palabras, de darles orden, de entenderlas. De pronto se escuchó la campanada que anuncia las vísperas, ¡Santísimo Sacramento del Altar! ¡Es tardísimo! Cerró el libro con sumo cuidado y esperó a las religiosas. El Padre Benjamín llegó vestido de blanco. Sor Marina había olvidado que se encontraban en el Tiempo de Pascua y que ella misma había bordado los motivos religiosos del alba que vestía el Padre Benjamín. Sorprendida, sor Marina seguía la oración, atenta pero recordando los poemas, Pobre madre, seguramente quería descansar, ella no deja de pensar en el pordiosero que llegó aquella noche. La mirada de ese hombre era de miedo y esto la había marcado… las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo, Amén, Sin pecado concebida. Lo siento hermanas, tengo que descansar.

Sor Marina cerró los ojos. Se encontró con ella misma, como en un espejo, pero de niña y entonces recordó el olor de las almendras amargas. Se durmió con la sensación de estar en la cocina moviendo el cucharón de madera dentro de la gran olla de mole. Almendras amargas que amargan el mole. Chocolate pasado de moda, no estás en el hábito de las hermanas concepcionistas. Azul de hábito intranquilo, déjame dormir. Chocolate de moda, no estás en mi hábito. En el sueño profundo, sor Marina veía el libro litúrgico de la Madre Natalia y traducía, del griego, los otros poemas: Página 2006. Al hermano Edgar. Pierdo la llave de la cocina. El pavo huye del cuchillo. Tengo hambre. No quiero dormir. Miedo en el mendigo. Ojos que ven con hambre. El pavo huye del horno. A sor Gloria. Aquí permanezco barriendo la soledad. Sola la soledad silba la selva del silencio. Como aguas que bajan de los acantilados, mi vida se disuelve rápidamente. A Santa Mónica. Del origen del mundo al silencio hay dos caminos: la vida y la muerte. El viaje comenzó allá en la tierra de… sor Marina no podía seguir leyendo. Los ojos del pordiosero se le aparecieron a ella también, retándola, husmeándola, escrutándola, atemorizándola, escandalizándola, ¿quieres leerme a mí también? Tengo hambre y muero lento. Ya no soy un niño. Los ojos se hacían grandes y murmuraban un nombre entre sollozos: Florentino Juvenal.

Empapada en sudor sor Marina despertó. Su celda era una oscura madriguera. Los grillos eran los únicos que encendían la habitación, Señor, dale el descanso necesario. Sor Natalia tiene que descansar. Antes de salir al baño, una hoja de papel estraza cubierta de cera tropezó su pie, ¡Señor!, exclamó asustada, ¡qué es esto! Se trataba en realidad de un sobre que contenía un texto escrito con una caligrafía preciosa, inglesa y elegante, no cabe duda que…

Estoy escribiendo en el ordenador que obtuve por ti. Creo que es una oportunidad inapreciable. Llueve muchísimo. Estoy solo desde que comenzó el día. Seguramente es para mi crecimiento espiritual. Recuerdo entonces a San Juan que me acompaña como lo has hecho tú Natalia, a discreción: Entréme donde no supe / y quedéme no sabiendo, / toda sciencia trascendiendo / yo no supe dónde entraba, / pero, cuando allí me vi, / sin saber dónde me estaba, / grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí / que me quedé no sabiendo / toda sciencia trascendiendo. / De paz y de piedad / era la sciencia perfecta, / en profunda soledad / entendida vía recta; / era cosa tan secreta, / que me quedé balbuciendo, / toda sciencia trascendiendo. / Estaba tan embebido / tan absorto y ajenado / que se quedó sin sentido / de todo sentir privado; / y el espíritu dotado / de un entender no entendiendo / toda sciencia trascendiendo.  No transcurre el tiempo en silencio. No me han dejado de perseguir los demonios del día. No han dejado de bailarme alrededor del escritorio. Pero a pesar de todo, contra mi propia pereza, vicio y descaro, vuelvo a escribir, vuelvo a trabajar. Ya me paro, que dizque a arreglar mi recámara, ya regreso a escribir. Ya me paro a ver la ventana, o lo que hay detrás: un vecino nada feo que contempla a sus hijos cómo juegan persiguiendo al perro que ladra. Ya regreso al escritorio; ya me paro. Solicito palabras a la Biblia: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia, a la televisión: …así que ya lo saben famosos, los estamos observando, a Tomás Segovia: Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica / primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas / anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia / que revientan como claveles de sombra… Ya regreso y ese ruido de afuera, un tan tan tan tan me aturde. Luego las palomas, las columbas repugnantes chillando y aleteando como para seguir con la misma persecución. El tan tan tan comienza a significar algo en mis huellas sonoras: no son clavos clavándose, no son camas meciéndose de cogorzas, no son dedos nerviosos que buscan eludir al de enfrente. Son recuerdos de estos edificios. Son sonoros recuerdos de las paredes testigos de lluvias, de arenas, de pleitos maritales. Natalia, llueve y nadie me besa. Natalia, esta otra agua no es mía, aunque alguna vez la haya respirado. Ya me paro; ya regreso a escribir otra anécdota. Estamos ya atrasados Natalia. El viernes anterior me llamaron de la Dirección de Desarrollo e Integración Estudiantil justo cuando estaba terminando mi última clase de Literatura Universal del Ciclo escolar, ¿Licenciado Florentino Juvenal?  Hablo de parte de la Licenciada Sacramento para invitarlo a participar como asesor en el Seminario de Orientación BUAP 2007. La capacitación comienza hoy a las 3 de la tarde… Está bien, aquí lo esperamos. Todavía recuperándome de la emoción fulminante momentánea, subo al autobús para estar puntual a la cita. El sábado comencé formalmente como asesor. Tendré 8 grupos durante 4 sesiones cada quince días. Esto me alegró, al menos tendré para pagar el alquiler, qué maravilla Natalia, qué maravilla. La verdad coincido contigo: estamos juntos siempre. Ya me paro. Es que los berridos, alaridos, mugidos del niño del edificio A me tienen cansado. La abuela, torpe y macilenta le grita a otro nieto que regrese, que no se atraviese, Que vengas rápido, ¡Ismael, Ismael! Ya vuelvo a escribir. Casi termino el programa de Comunicación que tanto había postergado. Mañana seguramente la Maestra Gaby me dirá: Profe, y también le falta el currículum y los programas para el próximo ciclo escolar y sus reportes… Somos nuestros pendientes y no nuestro presente. Permanezco agregando música a la Biblioteca Multimedia. Sonia López. Filippa Giordano. Lila Downs. Björk. Música árabe. Me paro a danzar un poco para recuperar el ritmo de mis dedos. El temor regresa. No quiero pensar en la artritis reumatoide. A mí no me pasará, ya ves, como el VIH. Escribo rápidamente algunos pendientes en los papelillos pegables y uno especial con letras muy grandes: TESIS. Sábado por la noche y las piernas casi trémulas, imparables, débiles, se dejan llevar por el sueño. No he dejado de pensar en la escuela, en mis deberes. Ya me paro. Tengo mucha hambre. Tal vez vaya por una torta árabe y al café Internet para enviarte mi cariño. Ya me volveré a parar para cumplir con la vida. Tengo mucha hambre. Está David tan presente con sus caras antiguas y futuras. Sabes Natalia que todos los nombres están en él: Gustavo, Gabriel, Jorge Iván, Manuel, Héctor, Gaspar, Abner. Hasta la computadora subraya este nombre como para decirme que no lo incluya, pero ya lo hice. David viene, me coge, platica un rato de su vida, de sus reflexiones mediocres sobre la vida y el cine y se va. Mi recámara olía a película pornográfica, a revistas leídas por marineros antes de pasar por algún barrio de putas. En el Seminario de Orientación soy asesor de la nueva prueba propuesta por el College Board: Redacción Indirecta. Nombrecito que vende inquietudes, y por supuesto que eleva el costo del cursito. Me gustaron mis primeros cuatro grupos. Tan callando, como dice Manrique. Natalia, me siento libre escribiéndote. Gracias por ser partícipe de esta locura porque a pesar de todo, mis dedos siguen vivos, ávidos, decía ayer Cristina Pacheco. Las gotas que caen en el techo me pervierten las manos. Las gotas que son las mismas del Fuerte de San Juan de Ulúa. Estalactitas-estalagmitas. Agua petrificada-petrificante. Las gotas son salvación o muerte. Los reos de Ulúa se volvieron locos después de recibir mil tempestades gota por gota. Ya regreso. Es que la pata de elefante tenía sed. Abro la llave de paso clausurada por SOAPAP. Violo los sellos. Es que la plantita tenía sed. Entonces pienso en el Oráculo de los Ángeles que dejé en tu casa. Tal vez todavía tengo que esperar para compartir esa sabiduría contigo. De pronto pienso que la papelera de reciclaje no sirve del todo porque se debe activar el Norton Antivirus. Esta vulgaridad me enrojece y vuelvo a escribir. Natalia, no son tantos días diez días. Los Ángeles te unen a mí. Jack Keroak nos une. Hace siete años, cuando Jorge Iván regresaba de un congreso de pediatría en Los Ángeles, me regaló Scattered Poems. Ahora mismo la misma nebulosa: My beloved who wills not to love me: / My life which cannot love me: /  I seduce both. / She with my round kisses… / (In the smile of my beloved the approbation of the cosmos) / Life is my art… (Shield before death) / Thus without sanction I live. / (What unhappy theodicy!) / One knows not- / One desires- / Which is the sum. 1945. 62 años de espera balbuciente como San Juan enfrente de Dios. Pero San Juan suma más años y no es una obra de beneficencia divina que uno esté más cerca que el otro de mí, de nosotros. Abro los ojos. Todavía siento la caricia de alas de garza en mi pierna. Soñé que estaba viendo la televisión y que un hombre venía a visitarme. Eran sus palabras el silencio del placer que retorció mis nervaduras. Quiero telefonear a mi madre pues debo contarle mi sueño de madrugada: mi hermano está a punto de precipitarse desde un tobogán directo a un suelo que parece acuático, como una alberca. Todos los presentes le gritan que no lo haga, especialmente mi mamá. La boca mara y el paladar quemado por la cena salada de la noche. Una gringa de dieciséis pesos. Te preguntas porqué tu nombre para mi diario. Natalia. Sé que pronto vendrás para charlar y celebrar el día del maestro. Maestro es el que sabe tres veces más que el resto de las personas. Nunca sabes todo de la enseñanza. Hoy escribiré la ponencia para el Foro sobre educación del Colegio. En Puebla de los Ángeles la lluvia ha cesado. Todavía no escampa pero ya la madera rechina. La gota que cae en el techo no para, no cesa, no abdica. El reino del agua comenzó hace miles de años. El fuego resiste. Las selvas de Chiapas en roza forzosa. La lucha constante entre el fuego y el agua es la vida. Madre Tierra, ruega por nosotros. La espalda se rompe y se astilla el cerebro. Es hora de dormir.


Sor Marina guardó el documento en su hábito y se dirigió a la celda de la Madre Natalia, superiora del convento, Debo de estar volviéndome loca. Madre, he tenido algunos sueños que no entiendo.

Cuando Marina reaccionó, Francisco Téllez seguía hablando sobre las monjas apasionadas y dijo: Me parece que este libro recoge claramente las últimas investigaciones… Marina, ¿qué pasa?, ¿dónde andabas? Todos rieron abiertamente. Antes de que Marina respondiera, la mesera se acercó para apuntar la orden. El Café Modena estaba a reventar, ¿Les puedo tomar la orden?, En la 7 poniente, qué viaje ¿eh? , estoy “apasionada”, siga Don Paco, siga…


Conrado Zepeda Pallares, Cófrade de la Maja Barata 
Cuetlaxcoapan – Ciudad de los Ángeles
17 de mayo de 2007

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