Durante tres años pertenecí a un Círculo literario magnífico llamado "Cofradía de la Maja Barata" (2006-2009). Durante todo ese tiempo no sólo nos dedicamos a leer y a compartir lecturas, también nos dedicamos a consolidar nuestras andanzas en la escritura. Había ensoñación. Valgan estas líneas para recordar al grupo y para sonreír.
Si
es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.
Eran
tu voz y tus manos, en sueños, ¡tan verdaderos!
Antonio Machado
Sor Marina encontró la Liturgia de las Horas
deshecha. Se notaba claramente que alguien, desesperado, había despedazado el
libro. Repentinamente se dio cuenta de que estaba intacto el apartado de
Completas. Vaya, pensó, esta sor realmente quería descansar. En los márgenes
había notas que aparentemente eran poemas y que tradujo sin dificultad: Página 2005. Al Padre Téllez. Salta la
memoria / en la historia de nuestras manos orantes. / Hoy, la misma evocación /
Tu madre acompaña tus ojos salomónicos. A sor Victoria. Sonríes. Te detienes.
Te marchas. No eres la misma desde que aprendiste a hablar. Sonríes. Sigues.
Permaneces. No eres la misma desde que aprendiste a leer. A Fray Enrique. …
esos tus ojos misericordiosos. Muéstrame la salud y baila mientras operas mis
manos. Ríspidas. Trémulas. A la Madre
Cristina. Hoy no nos encontramos. Siento arena en los ojos.
No nos estás guiando. Madre, visítanos.
Sor Marina permaneció en silencio,
trataba de hilar estas palabras, de darles orden, de entenderlas. De pronto se
escuchó la campanada que anuncia las vísperas, ¡Santísimo Sacramento del Altar!
¡Es tardísimo! Cerró el libro con sumo cuidado y esperó a las religiosas. El
Padre Benjamín llegó vestido de blanco. Sor Marina había olvidado que se
encontraban en el Tiempo de Pascua y que ella misma había bordado los motivos
religiosos del alba que vestía el Padre Benjamín. Sorprendida, sor Marina
seguía la oración, atenta pero recordando los poemas, Pobre madre, seguramente
quería descansar, ella no deja de pensar en el pordiosero que llegó aquella
noche. La mirada de ese hombre era de miedo y esto la había marcado… las
divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo, Amén, Sin pecado
concebida. Lo siento hermanas, tengo que descansar.
Sor Marina cerró los ojos. Se encontró
con ella misma, como en un espejo, pero de niña y entonces recordó el olor de las almendras amargas. Se
durmió con la sensación de estar en la cocina moviendo el cucharón de madera
dentro de la gran olla de mole. Almendras amargas que amargan el mole.
Chocolate pasado de moda, no estás en el hábito de las hermanas
concepcionistas. Azul de hábito intranquilo, déjame dormir. Chocolate de moda,
no estás en mi hábito. En el sueño profundo, sor Marina veía el libro litúrgico
de la Madre Natalia
y traducía, del griego, los otros poemas: Página
2006. Al hermano Edgar. Pierdo la llave de la cocina. El pavo huye del
cuchillo. Tengo hambre. No quiero dormir. Miedo en el mendigo. Ojos que ven con
hambre. El pavo huye del horno. A sor Gloria. Aquí permanezco barriendo la
soledad. Sola la soledad silba la selva del silencio. Como aguas que bajan de los
acantilados, mi vida se disuelve rápidamente. A Santa Mónica. Del origen del
mundo al silencio hay dos caminos: la vida y la muerte. El viaje comenzó allá
en la tierra de… sor Marina no podía seguir leyendo. Los ojos del
pordiosero se le aparecieron a ella también, retándola, husmeándola,
escrutándola, atemorizándola, escandalizándola, ¿quieres leerme a mí también?
Tengo hambre y muero lento. Ya no soy un niño. Los ojos se hacían grandes y
murmuraban un nombre entre sollozos: Florentino Juvenal.
Empapada en sudor sor Marina despertó.
Su celda era una oscura madriguera. Los grillos eran los únicos que encendían
la habitación, Señor, dale el descanso necesario. Sor Natalia tiene que
descansar. Antes de salir al baño, una hoja de papel estraza cubierta de cera
tropezó su pie, ¡Señor!, exclamó asustada, ¡qué es esto! Se trataba en realidad
de un sobre que contenía un texto escrito con una caligrafía preciosa, inglesa
y elegante, no cabe duda que…
Estoy escribiendo en el
ordenador que obtuve por ti. Creo que es una oportunidad inapreciable. Llueve
muchísimo. Estoy solo desde que comenzó el día. Seguramente es para mi
crecimiento espiritual. Recuerdo entonces a San Juan que me acompaña como lo
has hecho tú Natalia, a discreción: Entréme donde no supe / y quedéme no
sabiendo, / toda sciencia trascendiendo / yo no supe dónde entraba, / pero,
cuando allí me vi, / sin saber dónde me estaba, / grandes cosas entendí; / no
diré lo que sentí / que me quedé no sabiendo / toda sciencia trascendiendo. /
De paz y de piedad / era la sciencia perfecta, / en profunda soledad /
entendida vía recta; / era cosa tan secreta, / que me quedé balbuciendo, / toda
sciencia trascendiendo. / Estaba tan embebido / tan absorto y ajenado / que se
quedó sin sentido / de todo sentir privado; / y el espíritu dotado / de un
entender no entendiendo / toda sciencia trascendiendo. No
transcurre el tiempo en silencio. No me han dejado de perseguir los demonios
del día. No han dejado de bailarme alrededor del escritorio. Pero a pesar de
todo, contra mi propia pereza, vicio y descaro, vuelvo a escribir, vuelvo a
trabajar. Ya me paro, que dizque a arreglar mi recámara, ya regreso a escribir.
Ya me paro a ver la ventana, o lo que hay detrás: un vecino nada feo que
contempla a sus hijos cómo juegan persiguiendo al perro que ladra. Ya regreso
al escritorio; ya me paro. Solicito palabras a la Biblia : Dad gracias al
Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia…,
a la televisión: …así que
ya lo saben famosos, los estamos
observando…, a Tomás Segovia:
Mis besos lloverán sobre tu boca
oceánica / primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas / anchas gotas
dulces cuando empieza la lluvia / que revientan como claveles de sombra… Ya regreso y ese ruido de afuera, un tan tan
tan tan me aturde. Luego las palomas, las columbas repugnantes chillando y
aleteando como para seguir con la misma persecución. El tan tan tan comienza a
significar algo en mis huellas sonoras: no son clavos clavándose, no son camas
meciéndose de cogorzas, no son dedos nerviosos que buscan eludir al de
enfrente. Son recuerdos de estos edificios. Son sonoros recuerdos de las
paredes testigos de lluvias, de arenas, de pleitos maritales. Natalia, llueve y
nadie me besa. Natalia, esta otra agua no es mía, aunque alguna vez la haya respirado.
Ya me paro; ya regreso a escribir otra anécdota. Estamos ya atrasados Natalia.
El viernes anterior me llamaron de la Dirección de Desarrollo e Integración Estudiantil
justo cuando estaba terminando mi última clase de Literatura Universal del
Ciclo escolar, ¿Licenciado Florentino Juvenal? Hablo de parte de la Licenciada Sacramento
para invitarlo a participar como asesor en el Seminario de Orientación BUAP
2007. La capacitación comienza hoy a las 3 de la tarde… Está bien, aquí lo
esperamos. Todavía recuperándome de la emoción fulminante momentánea, subo al
autobús para estar puntual a la cita. El sábado comencé formalmente como
asesor. Tendré 8 grupos durante 4 sesiones cada quince días. Esto me alegró, al
menos tendré para pagar el alquiler, qué maravilla Natalia, qué maravilla. La
verdad coincido contigo: estamos juntos siempre. Ya me paro. Es que los
berridos, alaridos, mugidos del niño del edificio A me tienen cansado. La
abuela, torpe y macilenta le grita a otro nieto que regrese, que no se atraviese,
Que vengas rápido, ¡Ismael, Ismael! Ya vuelvo a escribir. Casi termino el
programa de Comunicación que tanto había postergado. Mañana seguramente la Maestra Gaby me dirá:
Profe, y también le falta el currículum y los programas para el próximo ciclo
escolar y sus reportes… Somos nuestros pendientes y no nuestro presente.
Permanezco agregando música a la Biblioteca Multimedia.
Sonia López. Filippa Giordano. Lila Downs. Björk. Música árabe. Me paro a
danzar un poco para recuperar el ritmo de mis dedos. El temor regresa. No
quiero pensar en la artritis reumatoide. A mí no me pasará, ya ves, como el
VIH. Escribo rápidamente algunos pendientes en los papelillos pegables y uno
especial con letras muy grandes: TESIS. Sábado por la noche y las piernas casi
trémulas, imparables, débiles, se dejan llevar por el sueño. No he dejado de
pensar en la escuela, en mis deberes. Ya me paro. Tengo mucha hambre. Tal vez
vaya por una torta árabe y al café Internet para enviarte mi cariño. Ya me
volveré a parar para cumplir con la vida. Tengo mucha hambre. Está David tan
presente con sus caras antiguas y futuras. Sabes Natalia que todos los nombres
están en él: Gustavo, Gabriel, Jorge Iván, Manuel, Héctor, Gaspar, Abner. Hasta
la computadora subraya este nombre como para decirme que no lo incluya, pero ya
lo hice. David viene, me coge, platica un rato de su vida, de sus reflexiones
mediocres sobre la vida y el cine y se va. Mi recámara olía a película
pornográfica, a revistas leídas por marineros antes de pasar por algún barrio de
putas. En el Seminario de Orientación soy asesor de la nueva prueba propuesta
por el College Board: Redacción Indirecta. Nombrecito que vende inquietudes, y
por supuesto que eleva el costo del cursito. Me gustaron mis primeros cuatro
grupos. Tan callando, como dice Manrique. Natalia, me siento libre
escribiéndote. Gracias por ser partícipe de esta locura porque a pesar de todo,
mis dedos siguen vivos, ávidos, decía ayer Cristina Pacheco. Las gotas que caen
en el techo me pervierten las manos. Las gotas que son las mismas del Fuerte de
San Juan de Ulúa. Estalactitas-estalagmitas. Agua petrificada-petrificante. Las
gotas son salvación o muerte. Los reos de Ulúa se volvieron locos después de
recibir mil tempestades gota por gota. Ya regreso. Es que la pata de elefante
tenía sed. Abro la llave de paso clausurada por SOAPAP. Violo los sellos. Es
que la plantita tenía sed. Entonces pienso en el Oráculo de los Ángeles que
dejé en tu casa. Tal vez todavía tengo que esperar para compartir esa sabiduría
contigo. De pronto pienso que la papelera de reciclaje no sirve del todo porque
se debe activar el Norton Antivirus. Esta vulgaridad me enrojece y vuelvo a
escribir. Natalia, no son tantos días diez días. Los Ángeles te unen a mí. Jack
Keroak nos une. Hace siete años, cuando Jorge Iván regresaba de un congreso de
pediatría en Los Ángeles, me regaló Scattered
Poems. Ahora
mismo la misma nebulosa: My beloved
who wills not to love me: / My life which cannot love me: / I seduce
both. / She with my round kisses… / (In the smile of my beloved the approbation
of the cosmos) / Life is my art… (Shield before death) / Thus without sanction
I live. / (What unhappy theodicy!) / One knows not- / One desires- / Which is
the sum. 1945. 62 años de espera balbuciente como San Juan
enfrente de Dios. Pero San Juan suma más años y no es una obra de beneficencia
divina que uno esté más cerca que el otro de mí, de nosotros. Abro los ojos.
Todavía siento la caricia de alas de garza en mi pierna. Soñé que estaba viendo
la televisión y que un hombre venía a visitarme. Eran sus palabras el silencio
del placer que retorció mis nervaduras. Quiero telefonear a mi madre pues debo
contarle mi sueño de madrugada: mi hermano está a punto de precipitarse desde
un tobogán directo a un suelo que parece acuático, como una alberca. Todos los
presentes le gritan que no lo haga, especialmente mi mamá. La boca mara y el
paladar quemado por la cena salada de la noche. Una gringa de dieciséis pesos.
Te preguntas porqué tu nombre para mi diario. Natalia. Sé que pronto vendrás
para charlar y celebrar el día del maestro. Maestro es el que sabe tres veces
más que el resto de las personas. Nunca sabes todo de la enseñanza. Hoy
escribiré la ponencia para el Foro sobre educación del Colegio. En Puebla de
los Ángeles la lluvia ha cesado. Todavía no escampa pero ya la madera rechina.
La gota que cae en el techo no para, no cesa, no abdica. El reino del agua
comenzó hace miles de años. El fuego resiste. Las selvas de Chiapas en roza
forzosa. La lucha constante entre el fuego y el agua es la vida. Madre Tierra,
ruega por nosotros. La espalda se rompe y se astilla el cerebro. Es hora de
dormir.
Sor Marina guardó el documento en su hábito y se dirigió a la celda de
Cuando Marina reaccionó, Francisco
Téllez seguía hablando sobre las monjas apasionadas y dijo: Me parece que este
libro recoge claramente las últimas investigaciones… Marina, ¿qué pasa?, ¿dónde
andabas? Todos rieron abiertamente. Antes de que Marina respondiera, la mesera
se acercó para apuntar la orden. El Café Modena estaba a reventar, ¿Les puedo
tomar la orden?, En la 7 poniente, qué viaje ¿eh? , estoy “apasionada”, siga
Don Paco, siga…
Conrado Zepeda Pallares, Cófrade
de la Maja Barata
Cuetlaxcoapan – Ciudad de los Ángeles
17 de mayo de 2007
17 de mayo de 2007
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