Siete de las noche. Diez
de noviembre de 1980. El doctor Rosales abrió los ojos al mismo tiempo que este
niño que nació dieciséis días antes del cumpleaños de su padre, y aún así
llevaría el mismo nombre: Conrado, con ciencia, con razón, con rabia, con radio,
con raza, con Rabel… el mismo bolero se apareció en sus ojos: los cristales de
mar que algún día estallaron en la garganta de su padre, los mismos que
esplendieron en el deseo de la madre, mujer sabia mujer niña inmanente. El
doctor Rosales terminó lo suyo: no hubo nalgada, el llanto llegó solo. Este
niño escuchaba: se podía constatar en sus mejillas. Era la música de Vivaldi.
Era Moncayo. Era Gardel. Era Portuondo. Era Greever. Judith. Huapango. Adiós,
muchachos. Júrame. Ven, sitiera, por favor… Ven… ven… ven… Cada ritmo se le
metía por los ojos: por eso se rasgaron. La madre le acarició los brazos; lo
esperaba, lo imaginaba viajante, trashumante, volátil como las arenas de los
mares que visitaría, que amaría. Conrado recordó todos sus amores en una palmerita;
los olió salinos; los homenajeó con el mismo peregrinar de su nacimiento.
Conrado ha bailado su naturaleza ígnea con la misa fuerza de los mares del
Caribe en noviembre. Sonríe para las fotografías. Solícito, extiende su mano
para que los demás lo recuerden; por eso trata de repasar las capitales de las
naciones del mundo, aunque sean blancas… o excluyentes. Este hombre evita las
convicciones, los compromisos y los planes de vida… bien recuerda que todas las
promesas son verdaderas hasta que llega la noche y los rostros desaparecen. No
evita al amor: lo trasluce, lo memoriza… para olvidarlo. Este hombre vuelve a
nacer: mono alacrán jaguar nogal. Para la cultura dominante de los tiempos
actuales es año bisiesto. Y entonces nace, no importa que dure lo mismo que la
lluvia en Puerto Rico. Los lugares de sus mundos han sido azules. Las mujeres
de su vida, blancas. Los hombres de su vida, negros. El amor es un lugar a
donde hay que llegar porque ahí no hay tristeza. El amor es rabia, ira, enojo,
movimiento, un huracán, un tsunami, un espejo. El amor se aparece a las siete
de la noche.
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