martes, 4 de diciembre de 2012

Carta frente al mar


Estoy con la lluvia por dentro. Hoy. Me ha entrado toda el agua de golpe, de sopetón, pues. El agua limpia pero también destruye, sana pero también pudre, vivifica pero también mata. Hoy me has dado agua de vida, agua de amor, yo sé que es de amor. Ayer eras un sueño posible, hoy eres parte de mi respiración. He sentido tus caricias en el resplandor del sol y también he escuchado tu voz en el viento; a veces grita, a veces me tranquiliza. Hoy estoy empapado de ti y te busco en cada charco que dejaste en mi piel, en mis labios que te vuelven a buscar una y otra y otra vez como goteo de agua dulce. 

En cada gota que me has dado, están tus palabras: honestas como tu respiración, sinceras como tu sonrisa, desnudas como tus brazos. En cada beso que me has dado: siete o nueve, me has devuelto la dicha y la felicidad genuinas. En cada mirada tuya, me has salvado del hartazgo, del enojo y de la desesperanza. 

Hoy llueve mucho porque me llenaste de agua. Ahora tengo sed de ti, sed de tus labios, de tu ternura, de tu inocencia inteligente. Cada camino de mi razón está inundado de tu atrevimiento, de tu ser genuino. Llueve y soy feliz porque me llueves de ti, me llueves sin ti y contigo. Cada razón que escribo es una razón que me has devuelto con creces con tus letras y tus abrazos. Me repito contigo, pero me repito joven y virgen del alma. Digo que me repito porque ciertamente enamorarme ha sido en mí un estado necesario. Me repito pero contigo es único, por eso sólo la lluvia es la mejor metáfora para explicar lo que siento por ti y por lo que me das: la lluvia cae y se repite y se repite y se repite, pero cada gota es única; y así, en conjunto, la lluvia es única. 

Hoy llueve en mi tierra para hacerse fértil. Me haces recordar el poema de Tomás Segovia: "Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica, primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas que revientan como claveles de sombra". 

Me haces recordar que soy un ser humano, consciente de su vida real.

Aquí me tienes para precisar el mundo, para darte una sonrisa, para también lloverte.

Conrado Zepeda Pallares

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